Desarrollo personal

Reflexiones de un migrante

31 de enero de 2017


Recordando lo que ha sido importante en estos últimos años viviendo lejos de casa, reconozco aquellas cosas que me mantienen y que me dan la energía y la capacidad de seguir adelante.

Ir a un país distante es una experiencia que cada vez más personas viven, por distintas circunstancias. Carlos Agamez, reconocido artista de recorrido internacional y becario de UNESCO, nos cuenta el valor que tienen en el proceso de adaptación de un migrante la profesión, el oficio y disposición para aprender de la vida. Esta narración, aunque en tono muy personal, es un mensaje para todos los migrantes del mundo.

Ese deseo de hacer lo que te gusta, de crear y compartir con otros, puede llegar en un viaje. Un viaje puede llenarte de vivencias donde te encuentras contigo mismo y con lo que realmente eres y con lo que quieres.

Recordando lo que ha sido importante en estos últimos años viviendo lejos de casa, reconozco aquellas cosas que me mantienen y que me dan la energía y la capacidad de seguir adelante.

Hace más de cuatro años que dejé mi casa para cumplir una residencia artística otorgada por la UNESCO para artistas jóvenes del mundo. Apliqué a esta beca sin tener una idea clara de lo que venía después, aunque sí sabía que quería algo nuevo: vivir en alguna parte del mundo diferente a donde había nacido.

Radicarme en un país lejano, implicó empezar de cero en muchos aspectos de mi vida. Esto demanda mucha energía y capacidad de adaptación. El reto era algo así dar lo mejor de mí mismo y desplegar muchas versiones de mí mismo. Esto me ayudó a identificarme con las personas hacia quienes se dirige mi trabajo artístico: se enfoca en los refugiados que provienen de zonas de conflicto, personas que empiezan desde los escombros, con grandes problemas.

El arte ha sido para mí el motor de vida y la mayor inspiración para seguir adelante aun lejos de casa, de la familia y de los amigos con quien solía hablar de muchos temas interesantes. Quizás empezar en otro lugar me hizo mirar las cosas de manera diferente.
Por mi parte, en el arte he encontrado un gran aliado para seguir mi constante encuentro con lo que quiero y lo que me hace feliz. Siento que es importante inspirar a otros, saber cómo acercarme a situaciones difíciles que los demás a mi alrededor están viviendo. El arte se puede definir aquí, como mirar pero actuar de alguna manera para mejorar algo.

Cada momento que he vivido ha sido enriquecedor: muchos han sido difíciles y me llevan a pensar en regresar a casa, emprender otro camino, desistir. En esas circunstancias amargas, que me confrontan profundamente, encuentro esa pasión que me despierta y me llena de valor. Es entonces cuando me recargo de todo lo mejor. Encuentro que puedo hacer ajustes en todo lo que me propongo. Dejo de quejarme por lo que no me gusta y me abro a conocer gente con la que puedo trabajar, refugiados, organizaciones y galerías para crear proyectos, incluso sin pensar en dinero.

Empezar de nuevo es de alguna manera, enfrentarse al mundo y a ti mismo. Como seres humanos y hombres, tenemos la tendencia a saltar a pasos grandes para llegar donde queremos. Pero si miramos un poco atrás, todo está compuesto de piezas pequeñas para armar un todo.

Quizás una idea clara es enfocarse pero siempre divertirse. Mirar que es lo que en realidad queremos y leer mucho, sacar tiempo para recibir buena información, compartir con otras personas, que tengan ideales, que te den la mano y que te ayuden a encontrar tu pasión en la vida, lo que supere todo lo malo que te pueda pasar y te haga mirar hacia adelante.

Si quieres conocer más de la obra de Carlos Agamez, puedes visitar su portafolio personal.

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