Arte y Cultura

Playboy y Hugh Hefner: mucho más que mujeres desnudas

25 de octubre de 2017


Para algunos, él es el signo de la decadencia moral, para otros el símbolo del deleite sexual.

 

Se recordará a Hugh Hefner como a un hombre entrado en años, vestido de bata púrpura,  rodeado de mujeres mucho más jóvenes que él. Para algunos, él es el signo de la decadencia moral, para otros el símbolo del deleite sexual.

Playboy y Hugh Hefner se funden en una imagen: la de la liberación sexual, pero él y su famoso medio de comunicación representan mucho más que eso. Veamos por qué.

Playboy: una revista diferente

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Para muchas personas, la imagen de Playboy está ligada a las fotografías de mujeres desnudas. Sin embargo, desde su inicio la revista marcó una gran diferencia en el sector de las publicaciones para adultos.

En primer lugar, se distanció de las publicaciones pornográficas de la época, que mostraban sexo explícito en un entorno editorial muy pobre. Al contrario, Playboy se erigió como una publicación de alta calidad, con participación de personajes del mundo literario, artístico y político. En otras palabras, Playboy era una revista interesante, bien editada, que además mostraba mujeres desnudas.

Por supuesto que las mujeres eran el gancho principal de la publicación, pero representaban más que eso. Para Hugh Hefner y otros personajes de la época, se trataba de luchar contra las ataduras de una sociedad en la que había una intensa vida sexual que era negada desde los estamentos conservadores de la sociedad.

Por supuesto, la revista fue atacada en varias oportunidades y Hefner tuvo que defenderla en los estrados judiciales, logrando triunfos que sirvieron para encauzar la discusión acerca de los derechos de las personas en una sociedad libre.

La causa de los derechos civiles

Hay que ubicarse hacia 1950 en los Estados Unidos de América para entender de qué se trata esto. Por esos años, estaba en pleno auge la lucha por los derechos civiles de distintos grupos minoritarios, quienes eran tratados como ciudadanos de segunda categoría.

Aunque en los Estados Unidos se vivía un periodo de auge económico y cultural, apenas hacia 1964 y 1965 se promulgaron las leyes que terminaban con la segregación racial. Hasta entonces, y todavía después a causa de movimientos racistas, era permitido que a los afroamericanos se les negaran derechos y no tuvieran acceso a sitios para personas blancas.

Por su parte, Hugh Hefner había logrado crear un muy buen negocio con su publicación que le permitió llevar su negocio a otro nivel. Fundó clubes con el emblema de Playboy y produjo un show en televisión, que tenían en común el ambiente sofisticado característico de su marca. Tenían en común la revista, los clubes y el programa de televisión, la acogida a afroamericanos. En un momento en que la cuestión racial estaba en un punto muy candente, el público de Playboy podía ver que negros y blancos compartían el escenario privilegiado que propiciaba la empresa.

 

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Las páginas de la revista acogieron a personajes como Martin Luther King y Malcolm X. Uno de los colaboradores de la revista fue Alex Haley, el afamado escritor de Raíces, historia llevada también a la televisión que cuenta la historia familiar del propio autor, desde la llegada a América de sus antepasados, como esclavos.

En 1959 organizó un festival de jazz, que congregó a destacados músicos blancos y afrodescendientes. Todo esto en el contexto de su aporte a los derechos civiles y las libertades individuales.

Lo que queda

Se recuerda más al Hugh Hefner envejecido en su show dentro de la mansión Playboy. En América Latina, tuvo poco eco su faceta como activista de los derechos civiles y promotor del arte y la cultura. En este contexto, Playboy fue poco más que una revista con imágenes eróticas. Con el tiempo, el negocio perdió fuerza debido a la competencia de otras publicaciones similares, y a la facilidad de acceso a contenido visual por internet.

A Hugh Hefner le criticaron su actitud moral liberal, el uso de la mujer como objeto comercial y su vinculación a las causas de los derechos de las minorías. Más allá de las controversias, el logo del conejo se convirtió en un ícono contemporáneo hasta el punto que en todo el mundo se supo de la muerte de su creador

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