Familia y crianza

Cómo manejar la violencia intrafamiliar

7 de febrero de 2018


En muchas de las situaciones de violencia que enfrenta una persona común y corriente, el agresor es alguien cercano.

En un artículo anterior, llamábamos la atención acerca de la enorme cantidad de casos de violaciones que se presentan en el mundo (ver ¿hay una epidemia de violaciones?). No fuimos enfáticos en referirnos a un hecho con respecto a las agresiones sexuales, y es que la mayoría de ellas son atribuibles a personas cercanas a la víctima. En muchas de las situaciones de violencia que enfrenta una persona común y corriente, el agresor es alguien cercano.

Las formas de violencia intrafamiliar

Conviene tener en mente que la violencia intrafamiliar es mayoritariamente violencia de pareja, pero también contra los niños y los mayores de edad. Así que por violencia intrafamiliar se entiende la agresión a cualquier miembro de la familia.

 

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Lo anterior, sin embargo, está sujeto a los marcos legales de cada país. Aunque para varios países ha sido necesario desarrollar instrumentos normativos específicos para atender este tipo de violencia, en otros todavía no se reconocen los tipos jurídicos particulares, así que la violencia intrafamiliar en varias naciones carece de estatuto jurídico propio.

Adicionalmente, la violencia intrafamiliar no se constituye únicamente por las agresiones típicamente físicas, como los golpes. El daño también puede ser de tipo psicológico, sexual o patrimonial. Por esto, las leyes más completas incluyen el reconocimiento de este tipo de perjuicio, porque permite ofrecer recursos de protección judicial, entre otras ventajas.

En el caso de las parejas, una forma de violencia es el control indebido. Esto implica la imposición de restricciones en términos de movilidad, libertad económica y relaciones sociales. Es una forma de violencia sutil, pero efectiva (ver celotipia: la enfermedad del control).

En el caso de los niños y los ancianos, la violencia intrafamiliar puede involucrar conductas negligentes, que se presentan cuando no se les presta la debida asistencia, no se les cuida en términos materiales y emocionales, o se les abandona.

Así que aunque no son exactamente lo mismo, la violencia intrafamiliar incluye violencia de género, maltrato infantil y maltrato a adultos mayores, siempre y cuando el agresor sea un miembro de la familia.

Con mayor frecuencia, las víctimas de la violencia intrafamiliar son las mujeres y los niños, seguidos por los adultos mayores, aunque también se presentan casos de agresiones contra los hombres.

De un asunto doméstico, a un asunto de interés público

Antes, era común que la violencia intrafamiliar se considerara un asunto privado. Los vecinos podían notar que había estallidos de violencia recurrentes en una familia, pero nadie hacía nada y las autoridades no tenían los recursos legales, o el interés para intervenir.

Con el paso del tiempo, a medida que los gobiernos y la sociedad civil comenzaron a promover la reducción de los índices de violencia, comenzó a hacerse patente que buena parte de esta se gestaba en las familias.

Los sistemas de estadísticas nacionales y regionales, dejan ver la magnitud de las cifras de la violencia intrafamiliar: solamente en la región de Buenos Aires, se presentan 67.000 denuncias al año por violencia entre parejas; en Chile, se reportan más de 127.000 casos de violencia intrafamiliar por año; en México, se estima que cerca de 27 millones de mujeres han sido víctimas de agresiones en su familia.

Ningún país está exento de violencia intrafamiliar. Podría decirse que este es el riesgo de violencia más común al que está expuesta una persona en el mundo, ya que la interacción con la familia es más frecuente que con otros.

Por lo anteriormente expuesto, las legislaciones nacionales han incluido la violencia intrafamiliar como un conjunto jurídico particular, facultando las acciones de intervención policial y creando mecanismos de protección para las víctimas.

La necesidad de intervenir

Por lo mencionado antes, cuando hay violencia intrafamiliar es necesario intervenir. En algunas familias, el lema es no meterse cuando alguno de sus miembros se ve involucrado en problemas de este tipo, por considerar que se trasgrede la vida privada. El asunto es que la violencia intrafamiliar puede conducir a lesiones graves, a los homicidios y feminicidios, a daños psicológicos y económicos profundos, a perjuicios de difícil reparación a niños y niñas.

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Por eso, si algún familiar tuyo es víctima de violencia o es el agresor, es importante que actúes, para disminuir la probabilidad de mayores daños. Piensa que tu familiar puede terminar en el hospital, en la morgue, en la cárcel, o afectado por daños morales, psicológicos, físicos o patrimoniales.

Uno de los problemas es que la mayoría de las personas no saben cómo intervenir. Una regla de oro es que la víctima o el agresor deben saber que no están solos. La víctima, en el sentido de que cuenta con un familiar o un amigo, que va a ayudarle a afrontar el problema. El agresor, en el sentido de que hay quien está dispuesto a ayudarle a resolver sus asuntos, sin que respalde su conducta. En este caso, se puede lograr que el agresor busque ayuda profesional o avance hacia una separación, antes de que se cause más daño.

La violencia intrafamiliar es algo que no se debe dejar pasar. Si sucede en el vecindario, los vecinos deben alertar a los familiares de los involucrados y a las autoridades. Si la violencia sigue sucediendo en

El ciclo de la violencia intrafamiliar

Es frecuente que en las familias donde se presenten episodios de violencia, se dé un ciclo identificable que incluye tres fases y que son más comunes en las agresiones entre parejas.

Fase de acumulación. Aquí, se van acumulando tensiones al interior de la familia. Es posible que se presenten palabras fuertes, restricciones leves al acceso económico, y otras formas de agresión de baja intensidad.

Explosión agresiva. La tensión acumulada puede desembocar en escenas de violencia cruda, con golpes, heridas o agresiones sexuales.

Distensión. Hay quienes llaman a esta fase, la luna de miel. Allí hay arrepentimiento, juramentos de que las agresiones no volverán a suceder, y algo muy importante: la víctima acepta que tiene la totalidad o buena parte de la culpa de la agresión.

Algunas víctimas de violencia intrafamiliar viven la fantasía de que ya las cosas se arreglaron para siempre, aunque al mirar atrás se encuentra que el ciclo de violencia se repite una y otra vez.

Cómo prevenir la violencia intrafamiliar

Es necesario aquí reconocer un hecho: quien ejerce violencia al interior de la familia, con muy poca probabilidad dejará de hacerlo, a menos que haya alguna intervención externa propiciada por la víctima o por un tercero.

En otras palabras, cuando hay violencia intrafamiliar en la cual uno de los miembros de la familia es el agresor frecuente, esta persona no cambiará por sí misma. Aunque se presenten periodos en que el agresor disminuya su conducta agresiva o parezca querer cambiar, esto será difícilmente sostenible.

Cuando aquí hablamos de prevenir la violencia intrafamiliar, nos referimos a detectar los signos que indican que puede haber problemas de este tipo en el futuro, o a evitar que sigan sucediendo.

Tratar el tema y dejar clara tu posición

Es muy importante que cuando establezcas una relación, dejes sentada una posición afirmativa de tus derechos que incluya asuntos como:

No aceptas ningún tipo de violencia. Esto es algo de lo que las parejas no hablan, especialmente cuando están enamoradas y ven todo de color rosa. Sin embargo, es muy importante que tu pareja tenga claro que no aceptas las agresiones de ninguna índole. Si notas que tu pareja duda acerca de esto, o tiende a justificar la violencia, estarás ante un signo que deberías considerar.

Mantendrás tu estudio, tu trabajo o ambos. La violencia intrafamiliar suele ir de la mano con el constreñimiento económico porque esto da más control al agresor.  Un compañero o compañera sana, alienta a la otra persona a progresar, a desarrollar más capacidades.

No aceptas que te controlen. El papel de una pareja no es controlar la vida del otro. Por supuesto que se establecen acuerdos, con respecto al manejo del tiempo y de la información acerca de actividades y compañías, pero esto debe hacerse con respeto a la independencia de la otra persona.

Si tu pareja es incisiva con controlar tu tiempo, esto puede ser producto de inseguridades propias, pero también puede indicar que en caso de una relación más formal, el control puede llevarse hasta el punto del maltrato (ver celotipia: la enfermedad del control).

No aceptas que te aíslen. Consiste en establecer que mantendrás tus relaciones familiares, de amistad y de trabajo, aunque puedan ser molestas para tu pareja y que eso no cambiará a menos que existan razones bien fundadas.

Esto continuará

Debido a la complejidad del tema, dedicaremos otro artículo para ahondar en las formas de manejar la violencia intrafamiliar. Hasta entonces.

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