Familia y crianza

Cómo manejar la violencia intrafamiliar. Segunda parte.

9 de febrero de 2018


Te presentamos en un artículo anterior, las características de la violencia intrafamiliar y algunas recomendaciones sobre cómo prevenirla. Ahora, en este artículo, te mostraremos signos iniciales y qué hacer cuando se presentan conductas violentas al interior de la familia.

Antes de continuar, es muy importante que leas la primera parte de este artículo.

Los signos iniciales

Al inicio de una relación de pareja, podrían identificarse algunos signos que indican probabilidad de agresiones en el futuro. Veamos cuáles son:

Celos, inseguridad y acaparamiento. Tu pareja es celosa, se muestra controladora o quiere absorber tu tiempo.

Te niega apoyo para estudio o trabajo. Tu pareja no parece interesada en que continúes tus estudios o tengas trabajo independiente.

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Pierde el control cuando se enoja. Es posible que mientras no tengan una relación formal, dirija su ira hacia otras personas, pero es un signo de lo que puede venir.

Se inquiete más de la cuenta si viajas o te ausentas o si lo hace él. Si pasan algunos días separados y tu pareja se molesta o se muestra muy inquieta, esto podría ser un signo de cómo podría ser cuando establezcan una pareja formalmente.

Maltrata a sus familiares. Si tu pareja trata mal a sus familiares, esto podría ser un indicador de cómo te va a tratar a ti y a los hijos que vengan en la relación.

Hay algo muy importante que debes tener en mente: no es tu papel en la vida rescatar a una persona violenta. Esto es especialmente aplicable entre parejas. La conducta violenta tiene raíces muy profundas, así que ten cuidado con tus tendencias proteccionistas. Mira los casos de violencia intrafamiliar que aparecen en los medios y piensa en que esta podría ser tu situación.

Adicionalmente, ten presente que la tendencia a la violencia no depende del grado educativo ni de la posición socioeconómica de tu pareja. Esto se presenta en todos los estratos y condiciones sociales.

Cómo frenar la violencia intrafamiliar

Es muy importante detener cualquier forma de agresión. Ten presente que tú puedes ser la persona agredida, pero también puedes ser la parte agresora. Las palabras hirientes y los gestos provocadores, pueden llevar a una espiral de violencia.

Es normal que en las familias haya conflictos y tal vez algún cruce de palabras fuertes, pero hay que saber parar. Si sientes que en una situación está subiendo mucho la temperatura del conflicto, pide un rato para pensar y permitir que vuelva la calma. Ten la disposición para reconocer tus errores y escuchar a la otra persona.

Sin embargo, es posible que esto no sea suficiente. Hay personas que tienen un temperamento violento y si tu pareja es así, difícilmente va a cambiar porque tú lo desees.

Cuando se trate de violencia física, al primer episodio hay que tomar decisiones. Es posible que en tu país esto constituya un delito, así que puedes iniciar una causa legal en contra de tu pareja. Otra opción es buscar ayuda profesional.

¿Sabes qué sucede en la mayoría de las oportunidades? No se toman decisiones. Se espera que las cosas cambien porque sí y se entra en el periodo de luna de miel, pero la probabilidad de que un hecho de violencia se repita, es casi del 100%.

Así que cuando se da un caso de violencia, puedes resolverlo de la siguiente forma:

  1. Acude a las autoridades. Esto aplica si en tu país las condiciones institucionales han avanzado al punto de lograr una intervención real en los casos de violencia intrafamiliar.
  2. Busca ayuda de familiares y amigos. El silencio y el aislamiento es la mayor fuente de vulnerabilidad de la víctima. Si tu familia no te apoya, no te detengas: acude a tus amistades de confianza.
  3. Busca ayuda profesional. Ya seas el agresor o el agredido, la ayuda profesional permitirá desarrollar modos de manejar la ira, la frustración y la agresividad. Si tu pareja te agrede y no accede a la ayuda profesional, es muy probable que no cambie.
  4. No creas en promesas. Como hemos dicho varias veces, la violencia volverá a aparecer si no se hace algo de fondo. No creas en el “voy a cambiar… ya lo verás”. La persona violenta no tiene los recursos psicológicos para controlar su comportamiento, así que sin intervención externa, difícilmente habrá un cambio.

La regla de oro es esta: la violencia es inadmisible. Ni tu pareja, ni cualquier otra persona de tu familia, tienen justificación para maltratarte. Si permites que te maltraten, o maltraten a otra persona, el daño psicológico o físico puede ser muy grave.

Así mismo, tú no tienes justificación para ser violento con miembros de tu familia. En caso dado, es preferible que te alejes de los familiares con quienes no puedas tener una convivencia pacífica, en lugar de recurrir a agresiones.

Qué hacer cuando la violencia es entre terceros

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La actitud ante la violencia intrafamiliar debe ser la misma que ante otros tipos de violencias. Es necesario ser solidarios y denunciar. Si se trata de un familiar tuyo que agrede a algún miembro de su familia, es mejor que le hagas saber que no estás de acuerdo, y, si es posible, que te ofrezcas a ayudar.

Por otra parte, si un familiar tuyo es la víctima, ofrécele apoyo. Es posible que este familiar vuelva una y otra vez a ser víctima. Mantén tu apoyo incluyendo la búsqueda de ayuda con profesionales y con las autoridades que deben saber de estos casos.

Si estás ante una escena de violencia, en la calle o en tu vecindario, llama a la policía. Si debes intervenir, sigue estas recomendaciones: mira al agresor a los ojos siempre; habla con voz tranquila, sin insultarlo; muestra tus manos abiertas por delante y no amenaces. Intenta alejar a la persona agresora de la agredida.

Si la persona agredida se vuelve contra ti, retírate sin insistir. Haz lo mismo si el agresor tiene un arma, pero igual, llama a la policía.

Es importante intervenir en las situaciones de violencia intrafamiliar, porque como se dijo en la primera parte de esta publicación, este tipo de violencia con frecuencia resulta en lesiones graves y hasta en la muerte.

Lo dicho es especialmente sensible cuando se trata de niños. Un menor de edad puede ser sometido a tratos cruentos, incluyendo agresiones sexuales, durante mucho tiempo, debido a su situación de vulnerabilidad. Actuar en estos casos es un deber.

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