Aventura y Deporte

Lo que hay detrás del fútbol

5 de marzo de 2018


Si eres un aficionado al fútbol ¿te has puesto a pensar cuántas horas semanales dedicas a esa actividad?

Piénsalo así: Si tu equipo querido juega solo una vez por semana, eso te dará dos horas al frente del televisor. Si vas a verlo directamente, debes sumar a ese tiempo el transporte y demás situaciones asociadas a eso.

Si además te gustan algunos equipos internacionales, digamos dos de una liga europea, serán seis horas semanales. Pero hay quienes siguen a varios equipos de su liga local, que además suelen jugar dos torneos nacionales y muchas veces uno o dos internacionales, simultáneamente. Eso sin contar tiempo adicional para ver o escuchar programas de televisión o radio con análisis de lo que sucedió, ver repeticiones de goles.

Así, el tiempo de tu vida que dedicas al fútbol puede llegar a ser muy significativo, pero ¿por qué?

La revisión hecha de este fenómeno en distintos sitios, no parece pasar de explicaciones superficiales. Claro, si escribes “por qué gusta tanto el futbol” en Google, vas a encontrar que la mayoría de resultados corresponden a sitios de deportes, por lo que sus análisis tienden a exaltar las virtudes del fútbol. Sin embargo, la historia puede ser otra, tal vez menos gloriosa.

En esencia ¿qué es el futbol?

El fútbol es ante todo un juego, que puede darse a manera de deporte. Una de las claves del fútbol, es su sencillez. Su base simple puede adaptarse a muchas situaciones. Una persona sola puede jugar a meter un objeto por entre un espacio que a su vez puede estar demarcado por un par de piedras, palos, o cualquier otro objeto.

Dos o más personas pueden jugar a lanzarse el balón con los pies o a introducir el balón por la meta. El objeto de juego en sí mismo puede ser una pelota de distintos tamaños. En algunos lugares, donde no hay acceso a balones, se juega con trapos enrollados con firmeza. Realmente, pocos juegos tienen tal flexibilidad y posibilidad de versiones.

 

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Tal vez por eso, el origen del fútbol es incierto. Juegos parecidos existieron desde hace mucho tiempo en diferentes culturas, aunque como competencia reglamentada apenas aparece en el Siglo XIX.Dada la popularidad del juego en Inglaterra y de la conformación de grupos organizados y de reglas para llevarlo de manera ordenada, fue allí donde surgió la primera asociación de fútbol moderno.

En 1904 nació la FIFA, cuando ya el fútbol se jugaba en diferentes países del mundo, que además habían fundado ligas nacionales. El fútbol pasó de ser un juego, a ser un deporte organizado y con ello también, un gran negocio.

Un juego de cualquiera

Pocos deportes pueden ser practicados por tantas personas. El tenis demanda destrezas complejas para hacer pasar la bola por encima de la red; la natación requiere primero aprender a nadar y luego dominar ciertas habilidades motoras. Tal vez el fútbol como el atletismo son los deportes que más tenemos a la mano.

Casi cualquier persona puede jugar fútbol. Otra cosa es si lo hace bien o mal. Casi cualquiera puede correr y patear una pelota. Allí está la base popular del fútbol: en su simplicidad.

El nacionalismo

Como dijimos antes, una sola persona puede jugar alguna variante del fútbol, dos ya pueden tener una competencia agradable y cuando hay cuatro ya se puede dejar a uno atrás y tener dos que ataquen y defiendan. Solamente parece razonable jugar con número impares cuando uno de los equipos tiene una desventaja que convenga compensar con jugadores de más.

Si los jugadores tienen alguna razón para identificarse: miembros de una familia, habitantes de un barrio, nativos de una ciudad o de un país, es casi natural que terminen manteniendo su identidad como parte de equipos deportivos.

El fútbol, como otros deportes, capta el sentido representativo de la competencia. Es decir, los jugadores de fútbol representan a un conglomerado mayor.

Cuando el fútbol se juega de manera casual, no hay tal sentido de representación. El goce es inmediato: disfruta quien está jugando, al momento de hacerlo. Sin embargo, cuando juegan los que representan a otros, esos que son representados acompañan a sus delegatarios yendo a ver el partido, o por la televisión.

Los equipos de fútbol asumen el estandarte de los barrios, las ciudades y los países. Las personas suelen afiliarse emocionalmente a los equipos adscritos al lugar donde nacieron, o vivieron, o al lugar donde nacieron o vivieron sus antepasados.

El negocio

Pero la clave de por qué el fútbol gusta tanto podría estar, no en la identificación con un juego sencillo o con un territorio. El núcleo de esto podría ubicarse más bien en la explotación de los esos elementos por parte de una estructura empresarial.

Realmente, el fútbol es una gran industria que explota el nacionalismo. El aficionado furibundo del fútbol vive una gran mentira. Se cree la historia de que su equipo lo representa. Realmente, y salvo casos contados, el fútbol responde a los intereses de la empresa privada que usa recursos públicos y hace aparecer todo esto como si fuera público.

Adicionalmente, la industria de fútbol produce un gran impacto social, por ejemplo, en expresiones de violencia que debe ser contrarrestada por las fuerzas policiales, y asume poco compromiso. Es una de las industrias con menos esfuerzo en términos de responsabilidad social empresarial.

La responsabilidad de los empresarios del fútbol con el impacto social y ambiental de su industria, es prácticamente nula en muchos países. En algunos países, paradójicamente esta actividad deportiva está patrocinada por empresas que producen alcohol. Estas empresas además compran buena parte de la pauta publicitaria de los canales que tienen los derechos de transmisión. Así, los comentaristas deportivos son animadores de la audiencia y a la vez impulsadores de ventas de estas empresas.

Ninguna de estas empresas asume responsabilidades con los desmanes que vinculan al fútbol con el consumo de alcohol. En cambio, el ciudadano debe asumir que de sus impuestos se paguen indemnizaciones por agresiones a las personas, daños en bienes, además de los costos de centenares o miles de efectivos policiales dedicados a la vigilancia de estos eventos.

La explosión del fútbol

Hasta hace unos años, se jugaba una liga local y una internacional en primera división. Hoy por hoy, casi en todos los países se juegan dos torneos locales. Hay también un aumento de los torneos internacionales, de manera que un mismo equipo juega hasta tres competencias internacionales.

Esto lleva a que los jugadores tengan un mayor esfuerzo físico. La respuesta de los empresarios es tratar de vincular a los jugadores a edades más tempranas.

Hoy casi que es posible ver un partido de fútbol, en vivo, cualquier día de la semana.

Además, en vista de la marcada diferencia entre hombres y mujeres en el gusto por el fútbol, la FIFA viene impulsando las ligas femeninas. Esto, que puede interpretarse como la promoción de la igualdad de géneros, realmente lo que busca es la profundización del negocio.

La corrupción

En tu país, la federación de fútbol recibe cifras astronómicas por los derechos de transmisión que además, se cobran por separado: para los torneos locales y para las selecciones.

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¿Qué se hace con todo ese dinero? Parcialmente se invierte en el mismo negocio, pero una parte considerables se gasta en sueldos cuantiosos para los directivos del fútbol, tiquetes en primera clase, hoteles de lujo y amenidades.

Como si esto no fuera suficiente, los directivos del fútbol reciben dinero por sobornos, por distintas razones. En algunos casos, para las decisiones acerca de sedes de eventos internacionales. En otros casos, por apuestas. Otra manera de corrupción, es el pago de dinero para alinear determinados jugadores en los equipos y hasta en las selecciones nacionales.

¿Por qué sigue funcionando?

El fútbol ha permitido a muchas personas alcanzar un mejoramiento económico y social que no alcanzarían de otro modo. Las historias de crecimiento humano en el fútbol, hacen que muchos se identifiquen con aquellos que han logrado la superación con el fútbol.

El aparato de marketing de la industria del fútbol explota estas historias. A esto se suman los dos poderosos factores a los que hicimos referencia antes y que también se relacionan con la identificación personal: el que muchos hallamos jugado fútbol de alguna manera y el que sintamos que los equipos nos representan.

En algunos países del mundo, el fútbol es un espectáculo pobre. Los escenarios son paupérrimos y el nivel de juego es bajo. Aun así, hay empresarios que viven muy bien de esto y periodistas que ganan su sueldo por la vinculación a este entretenimiento.

Por estas razones, el fútbol es un producto muy particular: aunque el producto sea malo sigue teniendo consumidores. Así, habrá empresarios satisfechos por más que su producto sea mediocre.

¿Podría ser de otra manera?

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Tal vez en el futuro, el fútbol se transforme en una actividad empresarial más honesta. En algunos países del mundo, está ligado a la formación deportiva y de valores. En estos países, las normas establecen vigilancia a las apuestas y se ha logrado una reducción notable de la violencia ligada al fútbol.

Pero esto no es el caso de muchas otras naciones donde la FIFA hace poco, los dirigentes locales menos, los políticos miran para otro lado y los ciudadanos siguen creyendo en la ilusión de que el equipo es de ellos y los representa. Como dicen en los Estados Unidos de América, si sigues el dinero, él te dirá la verdad.

Fotografía: Click and Boo en Unsplash

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