Salud

El alcoholismo: una enfermedad a la que estamos expuestos

9 de octubre de 2017


Una persona alcohólica bebe con frecuencia y en grandes cantidades, descuidando su trabajo, sus relaciones familiares, dañando su patrimonio y su capital social.

La Organización Mundial de la Salud ha llamado la atención acerca de los riesgos que representa para la salud el consumo de alcohol, indicando que se trata de un producto de consumo no ordinario.

Se ha vuelto algo normal que en el mercado de la clase media se incluyan las bebidas alcohólicas. Algunas cervezas o algo más fuerte, puede hacer parte del mercado de un hogar hoy. Sin embargo, la entidad internacional llama la atención acerca de tener en cuenta que el alcohol no es un producto igual a los alimentos o demás artículos que se incluyen en la compra.

 

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¿Por qué puede ser un problema?

Aunque desde tiempos inmemoriales la humanidad ha producido y consumido alcohol, se trata una sustancia tóxica que por lo tanto, no le hace bien al organismo.

Con todo y ello, en el mundo occidental no es viable pensar en que dejaremos de usar bebidas alcohólicas. Ya se intentó alguna vez. Entre 1920 y 1933, en los Estados Unidos de América se prohibió el alcohol con la consecuencia del crecimiento de peligrosas organizaciones criminales, como la comandada por el famoso Al Capone.

La mayoría de las personas son capaces de tomar un par de cervezas o de tragos, sin mayores inconvenientes, pero para otras, el consumo de alcohol puede ser un problema muy serio. Se trata de personas que padecen por alcoholismo o algún otro trastorno asociado con el alcohol.

Grados de embriaguez

La embriaguez es el efecto del consumo de alcohol en las funciones de percepción, control, coordinación y reacción del sistema nervioso. Hay varias clasificaciones posibles, de entre las cuales te presentamos esta:

Primer grado. Con un consumo pequeño de alcohol, podemos sentirnos bien y relajados. Aunque no lo parezca, se producen alteraciones sutiles de la velocidad de reacción y de la percepción de distancia, velocidad y profundidad, por lo que no se debe conducir o desarrollar tareas que requieran cierto grado de coordinación.

Segundo grado. La persona cambia su comportamiento habitual, manifestándose más afectuoso o agresivo, e incluso erótico. Se marca más la dificultad para coordinar movimientos y se arrastran las palabras.

Tercer grado. Es el borracho clásico que se tambalea, actúa de manera descoordinada y posiblemente se queda dormido.

Cuarto grado. Con un consumo muy alto, la persona compromete sus funciones vitales básicas. Aunque el borracho en cuarto grado parece dormido, en realidad entre en estado de coma, pudiendo incluso dejar de respirar por el efecto del alcohol sobre los centros nerviosos que controlan esta función.

El alcoholismo ¿Por qué algunos sí y otros no?

Puede decirse que el alcoholismo es la adicción al alcohol. Una persona alcohólica bebe con frecuencia y en grandes cantidades, descuidando su trabajo, sus relaciones familiares, dañando su patrimonio y su capital social.

Debido a las frecuentes borracheras, no está en capacidad de mantener sus horarios de trabajo y puede ser propicio a accidentes, así como a situaciones en la que se expone a la violencia.

El alcoholismo es la adicción más frecuente y esto es porque desde muy jóvenes estamos expuestos a las bebidas que lo contienen, es fácil de comprar y no somos conscientes de los riesgos al tomarlas.

Las investigaciones científicas han identificado que existen condiciones genéticas que predisponen al alcoholismo. Esto hace que entre la gran cantidad de personas expuestas al alcohol, algunas padecerán de alcoholismo por tener estos genes, riesgo que se incrementa cuando estas personas consumen alcohol desde muy jóvenes.

Los riesgos asociados al alcoholismo

El alcoholismo en sí mismo es un problema, por lo que ya se expresó. También se asocia con otros riesgos como daños al organismo, particularmente al hígado y al sistema digestivo, mayor accidentalidad y riesgo de violencia.

Aunque te parezca extraño, hay personas que se lesionan o mueren por caer de su propia altura. Esto es bastante más frecuente en bebedores que en la población general y es solamente un ejemplo de cómo el alcohol aumenta los riesgos de sufrir alguna lesión.

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Otros trastornos asociados al alcohol

¿Sabías que hay personas que no pueden beber ni un trago? Hay quienes sufren de cierta susceptibilidad al alcohol. Se trata de personas que con una pequeña cantidad de alcohol pueden tener comportamientos extraños, erráticos o agresivos. En otros casos, se trata de personas que hacen reacciones de tipo alérgico que pueden traer complicaciones importantes.

También hay quienes pueden tener alucinaciones; es decir, una percepción irreal acompañada de un comportamiento que denota confusión.

¿Un alcohólico puede parar de beber cuando quiera?

Un alcohólico no puede prescindir de la bebida en el momento en que quiera. Aunque puede dejar la bebida por un tiempo, la probabilidad de que vuelva a emborracharse es alta. Esa es precisamente la característica fundamental del alcohólico: al volver a tomar, tenderá a emborracharse cada vez que lo haga.

El asunto es que cuando una persona es adicta a una sustancia, en este caso el alcohol, dejar de tomar le produce un serio malestar. Esta situación hace que la persona busque una y otra vez la bebida. En casos extremos, la privación del alcohol puede producir temblores incontrolables, ansiedad, miedo y otros síntomas. Esto es conocido como delirium tremens, y requiere de tratamiento médico urgente.

¿Cómo saber si estoy en riesgo de alcoholismo?

Hazte las siguientes preguntas, contéstate con honestidad y reflexiona sobre tus respuestas.

  1. ¿Sientes que bebes con mucha frecuencia?
  2. ¿Por lo regular te emborrachas cuando bebes?
  3. ¿Recientemente alguien te ha dicho que le preocupa tu manera de beber?
  4. ¿Comenzaste a beber desde edad temprana?
  5. ¿Has bebido durante varios días seguidos?
  6. ¿Por lo regular cuando te ofrecen una bebida no la rechazas?
  7. ¿Piensas frecuentemente en beber?
  8. ¿Has dejado de ir al trabajo o incumplido algún compromiso por beber?
  9. ¿Has tenido accidentes o riñas habiendo tomado?
  10. ¿Has necesitado beber en la mañana para sentirte mejor después de haber tomado la noche anterior?

Si tus respuestas te causan inquietud, hazte una prueba personal: intenta dejar de beber durante un tiempo relativamente largo, por ejemplo, dos meses. No les digas a tus amigos o conocidos de tu experimento, porque podrían presionarte para beber o burlarse de ti.

Si puedes dejar de beber durante el tiempo que te propusiste sin sentirte mal, experimentar un deseo fuerte de beber, podría ser que tu riesgo fuera bajo. En todo caso, si tienes inquietudes, nunca está de más la ayuda profesional.

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